El 10 de enero, como resultado de las fraudulentas y cuestionadas elecciones celebradas recientemente en la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro renovaba su mandato presidencial. En contra cara, poco tiempo después, Juan Guaidó (presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela) juraba ante una multitud como presidente interino del país. Estos hechos pusieron en juego nuevamente la carta de una posible intervención militar para restablecer el orden.

Esta alternativa, que permanece latente hace ya varios meses, presenta en su formulación un bajo grado de viabilidad. Principalmente debemos tener en cuenta que esta medida requiere la aprobación del Consejo de Seguridad de la ONU, que mantuvo hasta el día de hoy una postura firme ante esta idea. 

Históricamente la ONU no concibió esta opción como una solución a las crisis políticas y humanitarias. Sin ir más lejos, hace pocos días, el coordinador de Asuntos Humanitarios declaró ante el Consejo de Seguridad que el principal problema que atraviesa Venezuela es el de la situación humanitaria. Por eso precisó la necesidad de abandonar ciertas divisiones políticas para enfocarse en mejorar los programas de ayuda.

Otro aspecto a tener en cuenta es la población civil, un ataque de esta magnitud agravaría la crisis. La cantidad de migrantes crecería notablemente y los daños causados por el enfrentamiento serian fatales. Teniendo en cuenta que en los últimos años Venezuela ha mejorado ampliamente su capacidad militar y suponiendo una reacción por parte de las Fuerzas Armadas ¿Cuántas vidas se cobrarían para recuperar la paz?

Por último y no menos importante, es de público conocimiento que Maduro a lo largo del tiempo fue forjando una imagen que lo muestra víctima del imperialismo y lo desvincula de toda responsabilidad sobre la realidad en la que viven los venezolanos. Una intervención hoy podría reforzar su argumento.

Tenemos en claro que una intervención militar es la peor respuesta a la que, en el peor de los casos, se podría acudir cuando todos los recursos y medios pacíficos se hayan agotado. El desenlace ideal para poner fin al conflicto es aquel que pregona una solución política basada en la democracia y la paz.

Todos los intentos de diálogo hasta el momento fallaron y el tiempo apremia. La situación en Venezuela es cada día más grave por la falta de comida, de agua y servicios básicos como la electricidad. Esto deja a los venezolanos con la dolorosa carga de una democracia destruida y un pueblo que está cansado. Cuentan con dos poderes que no se reconocen entre sí, un extenso debate en el plano internacional acerca de una potencial intervención militar, y una carencia total de soluciones reales que pongan fin al caos.

Más allá de los obstáculos que esta propuesta representa ¿Existe la posibilidad de que se concrete una intervención militar? La respuesta es sí. Hoy más que nunca cualquier cambio en el panorama, como lo es la presencia de tropas rusas y cubanas, o un punto máximo de violencia contra la oposición, puede causar controversia nuevamente alrededor del tema y derivar en decisiones drásticas.