Desde las manifestaciones del año 2014, el régimen de Nicolás Maduro invitó a la oposición venezolana a establecer un diálogo en el marco de la “Conferencia Nacional por la Paz”, para resolver de forma pacífica la tensión política del país. En dicha ocasión, la extinta Mesa de la Unidad Democrática se negó a participar. Luego de ello, la historia fue distinta. El diálogo, durante los últimos cinco años, ha sido una estrategia que le ha funcionado a Nicolás Maduro para dilatar la crisis y poder mantenerse en el poder sin cumplir ningún acuerdo. Hoy, en el nuevo proceso de negociación que se lleva a cabo en Noruega, se abre la posibilidad de garantizar la impunidad del chavismo y repetir un acuerdo al estilo Santos-FARC.

En el año 2018 se suspendieron las negociaciones que venían realizándose en República Dominicana entre el gobierno y la oposición de Venezuela. Este proceso de diálogo se produjo, fundamentalmente, gracias a la escalada de la presión por la comunidad internacional, en medio de una emergencia humanitaria compleja y un alto nivel de violencia en el país que cobro la vida de más de 120 personas y en donde hubo miles de detenidos, heridos, torturados y exiliados. En un país donde la inflación acumulada en el año 2018 llegó a 1.698.488,2%, según datos de la Asamblea Nacional, ha desatado la peor crisis económica en toda la historia de la República y el éxodo de más de 4 millones de venezolanos, en búsqueda de mejores condiciones de vida.

Tras el juramento del presidente encargado de Venezuela y el fallido alzamiento militar para la restauración del Estado de Derecho en Venezuela, el gobierno de Juan Guaidó ha avanzado en todos los tableros para lograr el cese de la usurpación de forma definitiva: coordinación con instancias internacionales y Estados de la comunidad internacional para el endurecimiento de medidas diplomáticas, amenaza de una posible intervención militar del gobierno de Estados Unidos y la posibilidad de negociar la salida del régimen de Nicolás Maduro. En las negociaciones llevadas a cabo en Oslo, Noruega, el principal tema a resolver será las condiciones para un nuevo proceso electoral, el levantamiento de sanciones diplomáticas y un plan con medidas para afrontar la crisis humanitaria.

Noruega es uno de los Estados que no ha reconocido al gobierno interino de Juan Guaido, sin embargo, ha solicitado reiteradas veces que se convoquen en Venezuela elecciones libres, justas y transparentes. Lo que ayuda a Noruega, como mediador dentro de este nuevo proceso de negociación, es la experiencia reciente con Colombia, las relaciones de sus negociadores y facilitadores, que se acercaron a las autoridades cubanas, pero también a los representantes venezolanos. A pesar de ello, es importante aclarar cuál es el límite, quiénes y bajo qué condiciones están detrás de este diálogo, porque es importante determinar si habrá un sistema de justicia transicional en Venezuela que se traduzca en impunidad como surgió en Colombia, o se establecerá una amnistía para todos los involucrados dentro de este proceso de negociación. 

El Acuerdo sobre las Víctimas del Conflicto entre el gobierno colombiano y las FARC-EP sirvió para garantizar que los responsables de atrocidades de ambas partes del conflicto eludan cualquier tipo de castigo genuino, donde se encuentran alusiones a la justicia, la rendición de cuentas y restricciones efectivas de la libertad. Pese a ello, es un acuerdo lleno de numerosas ambigüedades, omisiones y lagunas que convierten a tales referencias, en el mejor de los casos, en una garantía de impunidad. La clave en Venezuela es la justicia transicional y no la impunidad.

¿Implica la justicia transicional impunidad? No. La impunidad supone que determinado crimen no será investigado. En la justicia transicional los crímenes son investigados, las víctimas son reparadas y, eventualmente, los culpables sufren las consecuencias, que no serán, a pesar de ello, las penas privativas convencionales. No obstante, los graves crímenes de lesa humanidad, tipificados en el Estatuto de Roma, deberían tener un tratamiento diferente. Con lo cual, en resumen, el tema de la justicia transicional es determinante, pues constituye la clave para la efectividad de un proceso de transición hacia la democracia en Venezuela. 

En todo caso, el dialogo en Noruega podría ser una de las últimas oportunidades para lograr una salida civilizada en Venezuela, donde debe prevalecer la decencia y la justicia por encima de la impunidad.